Vi una anciana sentada en el patio de un residencial
el pasto le subía por la corteza de sus piernas
y un recuerdo se metía a los barcos
de sus débiles párpados inferiores
en un viaje que duraba
lo que la luz del sol en ocultarse detrás de los muros
Luego la sequía
de no poder retener esos océanos pegados a su vista
como nosotros que los llevamos en los ojos
que son un mundo que aún no está en ruinas
Luego la sequía
de la piel de sus pies de escombros
Escombros :
De familia demolida.
De fotografías que se incendian en la memoria
para dar calor a un gato que se asoma en el tejado
escombros quizá.
De una fabrica que ya no necesita mano de obra.
De cigarrillos y recetas de cocina
De un pájaro de madera que sale del reloj de pared
anunciando la hora
en que llega a casa la soledad
o eso que alguna vez llamó amor
o le hicieron llamar.
y yo a tu lado, sin necesidad de tu mano entre la mía
para sellar cualquier duda
tu mano y la mía con la piel todavía firmes
aún aguantando la carne y el esqueleto de la casa
aún conservando la memoria
(que somos nosotras mismas)
cómo estrellas fluorescentes que se mantienen pegados al techo
de una casa asegurada por la edad.
y que nos hacen ser el universo que somos
Te beso con esa seguridad de perderte si no me pierdo
con la inocencia de mantener una construcción
por el resto de los días
con la inocencia de hacerme maravilla del mundo en tu corazón
mientras la anciana sentada
nos mira y con sus ojos nos muestra su vida
de mandala que se esfuma antes de construirse
no solo ella esta sola así
la pobreza está en muchos patios
Seguimos caminando
y brota un pequeño germen de culpa
porque pienso que si todos tuvieran al menos
una parte de lo que tengo contigo
la vida se haría mucho más amena
Dejamos de lado la calle que enjaulaba las aves viejas
y sin embargo
aún puedo ver en tu frente el peso de no tener las llaves
nos damos la mano sellando la duda de un futuro incierto
un compromiso que nos precede.
y Ella dormirá triste otra noche tal vez
tal vez leerá un libro de una historia
que trascienda todas las historias.

Mi querida Michelle, hay tantos patios habitados con ancianas que navegan en sus recuerdos, que se asientan en el trono de sus ruinas... y aunque en ese momento solo sea un ave pasajera, también nosotras estaremos un día en el patio de la residencia. Ley de vida. Pero ahora acojamos con fuerza esa mano y sonriamos le.
ResponderEliminarMil besitos sonoros y feliz semana.
Como un fresco de la vida tu poema, donde el amor es tan incierto. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarLa vida no siempre es justa, o no parece serlo con todos, tantas historias que vemos y aún así hay quienes no aprecian lo bueno que poseen.
ResponderEliminarDulces besos Michelle y dulce semana.
En el filo de la tristeza y la ternura, gracias por tanto. Abrazos.
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