La última vez que te fuiste el suelo tembló.
y recordé que hay algo de cierto en que la tierra es una bóveda
El mundo volvió a ser ese mundo
el del humano que deja
el del humano que deja
sometido al hambre a un León
para documentar
como se va la vida de la cabra
que lo acompañó.
que lo acompañó.
y recordé que hay algo de cierto en que la tierra es una bóveda
con
fundamentos o bases
y que allí habitamos como personajes dispuestos
a
la orden de un dios que mira desde arriba
Ese
lugar
existe por
encima de nuestros hombros
tiene
semillas
que
son
pensamientos
Lo
que somos
es
esa tierra y lo que se siembra.
Esa
memoria.
Eso
que somos o nos hace ser
No
es el recuerdo de una mesa
Sino lo que se apoya sobre la mesa.
Y que se pueden apoyar tantas cosas
como veces a las que acudimos al recuerdo.
Sino lo que se apoya sobre la mesa.
Y que se pueden apoyar tantas cosas
como veces a las que acudimos al recuerdo.
Eso que somos, que tenemos dentro,
No es una luz que titila
No es una luz que titila
o
un cuarto.
Es
una luz que palpita un anuncio,
oscuridad que trae consigo un
farol a gas
un
farol que te arrima sombras que bailan contra las paredes
y
la proximidad de unos rostros que se bañan en sepia
para estamparte la calma
Es un
cuarto que puede ser vacío
o
la puerta de entrada a lugares inexplorados
y
siempre tan nuevos
como
ideas que se arriman en los barcos de otros ojos
para
anclarse
aquí
por
ejemplo
en
mis manos hoy
que
tocan al teclado como si fuera un piano
como
si una canción me procediera
Esa
memoria sí
son
sentimientos de conexiones con otros
y
como
a través de red subterránea
se
esparce
algo
que va edificándose
puede
ser la idea de que tal vez
aún
sin sentido
la vida también
la vida también
sea
una buena canción
Cuando
surge la decepción
a
veces la música se apaga
el
silencio
(como
humo de unas brasas
que
ya terminaron de cocinar al animal)
cubre
al cuerpo
Y
se
avalanchan los archivos de las estanterías
Porque -estás- en toda esa red subterránea
que compone a mi mundo y a mi, es que...
cuando vuelvo a mirar a tus ojos esta vez,
el
mundo vuelve a ser ese mundo.
El del humano que deja
El del humano que deja
sometido
al hambre a un León
y documenta
como
se va la vida de la cabra
que lo acompañó.
Para mostrarnos que los animales son animales.
Para mostrarnos -qué- son los humanos.
Para mostrarnos quienes somos -realmente-.
que lo acompañó.
Para mostrarnos que los animales son animales.
Para mostrarnos -qué- son los humanos.
Para mostrarnos quienes somos -realmente-.

Yo creo que es así, que no todo es como lo vivimos o no todo es como pensamos puede ser. Las decepciones con parte de la vida y la vida misma también puede serlo. Alguna vez sabremos la verdad?
ResponderEliminarDulces besos Michelle.
Es asi preciosa, no siempre somos dueños de lo que nos gustaria
ResponderEliminarson preciosas tus letras
Un beso grande Michelle
Unos te dirán que es ley de vida y otros que depende de nosotros. Es cierto que a veces, tergiversamos los recuerdos.
ResponderEliminarMil besitos con cariño, Michelle ♥
Un texto con muchos flecos, sin duda.
ResponderEliminarAbrazo Michelle.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEs un poema muy intenso. A mi me aviva más preguntas que respuestas, sobre qué somos como individuos y como sociedad. Y me quedo con que hay algo de cierto en que la tierra es una bóveda... quizá hecha de estratos. Todos algo aplastados, pero unos más y otros menos. Y parecemos buscar estar en el de arriba. Cuando arriba ni siquiera existe.
ResponderEliminarUn abrazo,
Licaón
Tu poema nos pone de frente la conducta humana: a dónde el humanismo, cuando nos ponemos al frente de la barbarie genocida . Un abrazo
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