Los peces que estaban en mi cerebro
descubrieron
que pueden nadar en la sangre.
Se dispersaron
y se dejaron llevar por su dulce
sentido soberano
librando sus fuerzas
pero no su armadura
me desnudaron como una mujer completa
de agua
una aloja leve e inmortal
todas las manecillas se estancaron en
la materia gris
cuando ellos huyeron a explorarme el
cuerpo
la corta dio dirección a tu posición
las otras dos trancan el paso de
regreso.
Hasta el momento en que sus escamas
empezaron a erosionarse
descansaron sus aletas.
Luego colisionaron contra el paréntesis del tiempo
para volver al refugio,
de nadar, ordenar, y establecer.
para volver al refugio,
de nadar, ordenar, y establecer.
No sin antes incrustar en mis células
fragmentos de sus cuerpos perdidos
tan diminutos
que podrían perforar la información completa de mi ser

Impresionante tu manera de transmitir este poema de peces que están en la imaginación de tu mente, y que te desnudan nadando desde la sangre, me ha encantado tu imaginación, y he ido viendo la escena en cada uno de tus versos.
ResponderEliminarUn beso dulce de seda.
Quizás seamos realmente una especie de pecera viva.
ResponderEliminarBesos dulces Michelle.
Consciente de tu cuerpo.
ResponderEliminarun gusto descubrir tus letras
ResponderEliminarSURREAL REAL.
ResponderEliminarABRAZOS
Me ha encantado imaginar la trayectoria de esos peces...
ResponderEliminarMuy, muy buena tu poesía, preciosa. La imagen también.
Muchos besos.
Por eso por mi parte prefiero que cuando los peces no sean lindos de colores no pensar.
ResponderEliminarMuy buen post.
Un abrazo grande.
mar
Hay vida y esperanza en tus letras preciosa
ResponderEliminarBesos muy dulces y feliz dia