Se
me salen las venas y las arterias
se
me desenroscan como una cadena de adn,
perdiendo su identidad,
y
solo quieren enroscarse a la cama,
como
las raíces de un árbol
que
quiere crecer.
unamos
nuestros hilos rojos
y
dejemos que los azules se unan al océano
y
nos nutran peces con sus capilares
atémonos
con ellos
por
un rato,
estiremos y acortemos las
distancias
juguemos con esa tensíon que nos gusta
juguemos con esa tensíon que nos gusta
para
probar el sabor del destino
yo
sospecho que es agridulce
como
el gusto que me queda en la boca
cuando
estás y no estas
parece
que comiera los pétalos de la flores de tu perfume.
Amarremos
nuestras muñecas más chicas
y
dejemos las cascarás para los demás.
-Amor- y no importa si dura un segundo
está
cronos tirando de los hilos rojos
que
son nuestras cuerdas
y
el sabe que no nos puede cortar.
Que
somos el mismo cielo cuando nos unimos.


Que hermoso, es increíble pensar que las mismas estrellas nos iluminan desde el cielo y somos cada uno un mundo tan especial.
ResponderEliminarUn abrazo para tiiii con mucho cariño.
mar
En la ternura del amor habla la consciencia de querer ser y estar, de pertenecer y permanecer unida.
ResponderEliminarHa sido un placer leerte, Michelle.
Mil besitos, preciosa.
¿Tú sabes lo que has escrito? ¡tu poema es una verdadera belleza! me dejas sin saber qué comentarte, esa es la verdad.
ResponderEliminarEsas cuerdas irrompibles que amarran al amor, que atan al sentimiento, que une a dos, para ser corazón y latido, boca y alimento.
Francamente ¡me encantó!
Mil gracias por tus huellas en mi blog, me encanta verte aparecer, preciosa.
Un besazo.
Probar el sabor del destino, que profundo eso cuando uno sabe lo que es aquello. Un siempre que sólo puede ser sustentado cuando el sentimiento es de verdad. Precioso texto Michelle.
ResponderEliminarBesos dulces para ti.