Entre estos dos vidrios
me sostuvo las dos alas extendidas un
coleccionista.
Nada pasa.
Como el templo mayor
en el cual el sol avisa cada llegada de
equinoccio
-repetidamente- me sostengo así
sin la menor rebeldía
con la pesadez de una construcción
milenaria,
con la gravedad sostenida.
Con la soledad de una estrella apartada
del resto por su combustión,
porque precede una oscuridad congelada.
Todo se mueve medianamente
a través de la membrana que llego a
observar
con mis falsos ojos
¿A donde volvería si pudiera?
Todo se ve tan frágil con el brillo
del cristal
Cada uno de mis colores permanecen
aquí,
y cuando decida desprenderme
desplegando estos puentes traslucidos
desplegando estos puentes traslucidos
la delgada capa que me une a mi misma
liberará un sismo tectonico
dando paso a una sustancia viscosa
que posará en la paleta
para pintar allí, en aquellos muros
entre las serpientes mayas;
al coleccionista
recibiendo toda la luz, repetidamente
constantemente,
hasta que se desvanezca mi ultimo
pigmento,
con esta conciencia tan aguda del
tiempo.
UNA FORMA MUY AUTÉNTICA DE RESUMIR UNA VIDA.
ResponderEliminarABRAZOS
He tenido la sensación de libertad detenida y mil ojos sobre mí... no sé...
ResponderEliminarMe ha gustado tu poesía tan metafísica. Un gusto leerte.
ResponderEliminarBesos dulces.
Qué hermosísimo poema has compuesto, querida Michelle, con esa mixtura mágica del mundo maya antiguo y de las alas de una mariposa que yace cautiva entre dos vidrios, porque los restos de lo que fue vida son lo único que queda hasta que no quede nada.
ResponderEliminarLo comparto en mi perfil de G+ con sumo gusto, mi querida amiga y gran Poeta. Besos y feliz finde, preciosa :-))
Pase lo que pase, aquí estas tú llenándonos de luz.
ResponderEliminarMi abrazo para ti.
mar