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jueves, 21 de enero de 2016

Cinco personas




Hay como cinco personas respirando de mis células.

Uno se deshace de ángel
cada vez que se desprende una
adhesiva y dolorosa pluma
una pequeña pieza de piedra
golpea la atmósfera
y alguien pide un deseo que no es por mi.

La número dos
Una joven embarazada compuesta de agua
donde se sumerge
Hermafrodito
encastrado a su ninfa
con una maldición a su sexo.

La numero tres
es su hija
que se aferra a la placenta
como el espíritu a la ingravidez,
despegándose de la tierra.
Haciendo movimientos con el cordón
profetiza
las punzadas que debe dar su destino.
Se prepara.

El número cuatro
está olvidado
es tan minúsculo
que recorre todos los rincones de mi cuerpo
como si fuese un laberinto
diseñado por un dios
para nunca escapar de ahí,
aquello salvaje,
Está tratando de ser calor
y salir por los poros de mi piel,
pero solo se quema y se apaga
como un recuerdo
como el recuerdo de los cuentos que me leías,
el recuerdo de la ruleta girando alrededor de tu mirada,
el de la primera vez que me llevaste a la cama
para existir sobre ella.

La quinta
no es hija de ningún dios,
no engendra vida, ni da calor
está buscando arjés
en los insectos que viven en las páginas de los libros,
en los silencios de las caracolas de sus senos,
en el rumor de un gato que la mira desde lejos.

Hay como cinco personas respirando de mis células.
Todas ellas lloran, a su manera.
Ninguno de ellos consigue suficiente oxígeno.
Y a mi, me esta matando, haberte perdido.


sábado, 16 de enero de 2016

El olor


Tenía que ser en la cocina, lave los pisos dos veces, pero el olor seguía, miré a Benio con enojo, pero no agachó las orejas, solo movía la cola y miraba un par de moscas que sobrevolaban alrededor de la mesa vacía.
Me senté a observar las moscas por un rato, las moscas tiene eso de posar sobre alimentos podridos, basuras y desperdicios y minutos más tarde encimarse a un rico pastel, como si pudieran pasar de la miseria a la elegancia sin mutar diferencia, como yo por ejemplo, que vendo las peores drogas del mundo, todas ellas, y las veo transfigurarse en sus caras, observo como poco a poco van carcomiendo las identificaciones, hasta que un par de drogas vienen a buscar más drogas, y ese es el negocio. Pero el negocio no termina ahí, el negocio termina cuando guardo el arma, tranco la puerta y me siento en el sofá a comer un helado dietético. pensando que cada vez me falta menos para irme, pensando que es la única forma que tengo de llevármelo conmigo, de empezar de nuevo.
¿Será que el olor viene de la heladera?, es extraño, no podía detectar con precisión de donde provenía, pero cada vez se sentía más fuerte, miré por la ventana de la cocina, una delgada linea dividía la vista homogénea del pasto y el cielo, un cielo apagado y un pasto amarillento, podría estar mirando perfectamente tanto una ventana abierta, como un cuadro vago, un cuadro vago y plano de un artista que recién empieza a experimentar con colores, era tan poco tridimensional que por un momento me sentí encerrada, y quise salir afuera a tomar aire, pero primero tenia que limpiar la heladera. Así que la desenchufé y empecé a correr todas las cosas, creo que algo se esta pudriendo, por suerte no compro carne, me dispuse a observar las fechas de vencimiento, encontré dos cosas que debí haber tirado, un mes atrás, la crema de leche abierta tenia un olor extraño, la tiré a la basura, encontré un tupper con comida del cual me había olvidado ya de su existencia y al abrirlo, se perfumó el aire de un sabor tan agrio que casi me pongo a vomitar ahí mismo, me sentí tan mal que tuve que salir.
El cielo estaba oscuro y gris, sin estrellas, estaba tan triste que parecía un manto negro desteñido, como si alguien del universo hubiera encontrado a la tierra muerta, y la hubiese cubierto con un trapo y seguido de largo, y nos hubiera dejado allí abandonados, porque somos insignificantes. Pero al menos ya no había olor, se había ido completamente. Me siento en el piso de hormigón todavía caliente, me saco los guantes amarillos que me puse para limpiar la cocina, y paso mis manos transpiradas por el short blanco, ya que se encontraba un poco sucio. Yo nunca quise dejarlo, ¡si hubiera sabido en ese entonces como comportarme!, … ¡si hubiera tenido a alguien que me ayudara!, lo tendría conmigo y le pediría que me perdone y que a partir de ese momento trataría de ser la mejor madre del mundo, aunque ciertamente nunca faltaron las ganas, simplemente nadie salva a nadie, nadie saca a la chiva del pozo, solo tiran un par de objetos adentro
Benio comienza a ladrar, estaba junto a su plato ladrando desesperadamente. Cuando voy a agarrar el medidor para poner su comida, me doy cuenta de que ya le había servido y había olvidado colocárselo en el plato, me disgusto conmigo misma. El olor aumenta y comienzo a marearme, algo se está pudriendo. ¿Seré yo?, cierro bien la puerta, paso la tranca, bajo la persiana y me desnudo, tengo gruesos pelos amarillos pegados de Benio por todo el cuerpo. Suena el teléfono, pero no lo quiero atender, no así de sucia, seguramente es Leo que quiere pasar por cocaína.
Primero me ducho, despúes lleno la bañera y me tiro a descansar en el agua, me puse a recordar una clase de literatura del liceo, teníamos que elegir una parte de Hamlet y analizarla, era la única materia que me gustaba del liceo, porque me iba bien, no me era tan difícil entrar en las psiquis de los personajes, era algo que prácticamente había hecho toda mi vida, seguramente si hubiera podido terminar el liceo, estaría estudiando sicología... Me pasé un jabón con aroma a flores, y me traslade a la muerte de Ofelia en Hamlet, a ese instante en el arroyo en el que aun estaba viva pero dejándose morir, en un agua perfumada con olor a flores, víctima de la locura. ¿Estaré loca? ¿Será que solo yo siento este olor? Tal vez la casa tiene muchos demonios, y por eso se siente así, como podrida por todos lados, con un fuego quemando por todos los rincones, como mi tórax de noche, cuando gritá apagarse, cuando como helado.
Benio, metió la cabeza en la bañera y empezó a beber del agua perfumada. Ahora el agua estaba turbia, tenía una capa blanquecina, medité tanto mirándola que me dio la sensación de tener cataratas en los ojos, sentía que se me había nublado completamente la vista. El teléfono volvió a sonar. Me levanté y me sequé con una toalla dejando que mi cabello mojado deambule gotas a mi espalda y marque rutas refrescantes por mis muslos y mis piernas, me acerque al celular y veo que llaman desde la policía, las gotas me empezaron a quemar como queman las gotas del miedo. Vienen para acá, es el final. Tengo que encontrar las drogas, no me dá tiempo a vestirme, empiezo a recorrer desnuda la casa- presa del pánico- cuando arrebatan mi puerta de un golpe. Uno de ellos me mira fijo y me atraviesa, se tapan la nariz.
No soy yo, el olor existe, empiezan a encontrar la droga, el medidor está lleno de comida para Benio, otra vez olvide servirle, no le puedo servir a un perro,¿como pensé que podía cuidarlo? Ya no lo voy a tener más, nunca más , es el final. Estoy muerta, por supuesto que estoy muerta, las moscas se posan en los lugares más sombríos y en los lugares más hermosos, yo nunca pude construir un lugar hermoso. Miro la ventana abierta, yo me quede allí en el pasto, nunca llegue a alcanzar el cielo, siempre pensé que el horizonte era una linea que podía saltar, que un día simplemente todo se iba a solucionar y me iba a encontrar del otro lado, pero de mientras me quede aquí. Los policías me atraviesan una y otra vez como balazos, sin el gustoso dolor de ellos, y ahora ¿tirarán sobre mi cuerpo un manto negro desteñido?. Pobre Benio, está muerto de hambre, ahora que se fueron, puedo lavar los pisos, porque hay un olor asqueroso.

jueves, 14 de enero de 2016

Algo de calma



Nada pasa si me apoyo
en tu piel de papel de arroz
me hundo en una ceguera blanca
donde destellan tus lunares oscuros
negativo de galaxia
sugiriéndome un camino.
Sugiriendo que hay escapatoria,
me quedo allí.

Hay cosechas en tus iris
que abastecen los peligros de extinción
que hay en mi mundo
de pastos secos por lágrimas saladas.

Hay un destello en tus dientes
que me prolonga hasta el mar de tu boca
para quererme
para dejar mi piel serpentina
y disecarla en un rincón de ese estanque
momificarla con tu liquido, eterna, un rato,
para sentirme inmortal cuando me mudo.

Hay algo de calma en tus turbulencias
en tus precipitaciones
gotas que el viento lleva a tanta velocidad
que parecen esparcimientos de información
de luces disparadas en la matriz de la tierra.
Hay algo de calma,
porque tienen la naturaleza de la verdad
un sentido
Una tormenta que se lleva las ramas
pero limpia todos los rincones


También sé que hay frutos tartáricos,
debajo de esa delgada capa blanca
que golpean llamando a Persefones
o a Castigados
para quedarse allí a probarlos
y puedo caer a comer de ellos
sin saciarme
hasta comerme a mi misma
la cabeza,
lo cierto es que me intriga
esa efervescencia, que tamborilea debajo de tu piel






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EXPERIMENT


"EXPERIMENT to me
Is every one I meet.
If it contain a kernel?
The figure of a nut

Presents upon a tree,
Equally plausibly;
But meat within is requisite,
To squirrels and to me."
Emily Dickinson
(1830–86).